jueves, 27 de junio de 2013
Si tu cavidad craneal está repleta de dudas.
Estaba yo sentado en uno de los asientos del metro, cuando, al alzar la cabeza me doy cuenta de que justo delante de mí hay dos personas que podrían necesitar mi sitio: una de ellas era una mujer que rondaría los 70 años, pero es de esa clase de mujeres que gusta de aferrarse a la juventud lo máximo posible y engañar al tiempo arreglándose ante el espejo durante varias horas antes de salir de casa. También se notaba que unas pinceladas quirúrgicas para quitarse unos añitos adornaban su cara ,por eso no estaba seguro de si levantarme e indicarle que se sentara, ya que podría pensar que doy por hecho que es una ancianita cansada, y eso no le gustaría nada... de hecho tal vez hiriera su autoestima.
La otra persona era una joven con una incipiente panza bastante abombada, pero no lo suficiente para saber con certeza si era un embarazo, o a la chica la sobraban unas decenas de kilos que se habían concentrado maliciosamente sobre su vientre. No podía arriesgarme a cederla el sitio, que no estuviera embarazada y que la chica entendiera que se vé que está mórbida.
Al final he decidido quedarme sentado.
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