sábado, 14 de febrero de 2015

La paradoja de las niñas de la biblioteca.


Érase una vez una biblioteca de pequeñas dimensiones, situada en un barrio humilde y raramente frecuentada fuera de épocas concretas. Cuando llegaban los exámenes numerosos estudiantes acudían con sus libros a desgastarse los codos frente a textos infinitos de la mano de apuntes y materiales escolares. El rango de edad estaba entrela veintena y treintena de años, lo más normal entre  universitarios y bachilleres.

Un buen día el director del edificio en el que se encontraba dicha biblioteca recibió una queja anónima de un joven que afirmaba que las chicas que llevaban escotes a la biblioteca le impedian concentrarse. ¡Qué locura! ¿Qué podía a hacer ante semejante queja el pobre director de la biblioteca? Llevar escote entra dentro de cualquier canon estético occidental, jamás a nadie se le ocurriría tomar medidas contra algo así.
Pocos días después recibió otra queja de un estudiante diferente, con la misma afirmación: las chicas que acuden a aquella sala de estudio visten demasiado atractivas e impiden la concentración del personal.
El director comenzó a preocuparse, si había más quejas debería hacer algo, ya que el objetivo principal de aquel santuario de libros era el educarse y no el atraer miradas masculinas, y mucho menos ligar.

Tardó poco en llegar la tercera queja y el director decidió poner un cartel que rezaba: "se prohiben escotes y/o vestimenta ligera en esta sala de estudio".


¿Hizo bien el director?

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