"Que no se diga que pasó a mejor vida"
Esa era la frase que el buen Silverio deseaba que rezara en su lápida el día en que muriese.
A Silverio le gustaba su trabajo, quería a su mujer y a sus hijos, apreciaba a sus amigos, agradecía cada día el estar aquí, y se levantaba cada mañana pensando en vivir cada día como si fuera el último. En pocas palabras; amaba su vida.